Hace más de un año decidí darle un cambio radical a mi vida. Descubrí que el estrés y el ritmo en el que estaba viviendo —en automático— me estaban llevando por un callejón sin salida, agotador y asfixiante. Mi mente no podía pensar. Estaba completamente bloqueada para generar nuevas ideas, incluso para poner mis propios límites.

Así que me propuse parar. Me propuse enfocarme en mis metas, en perseguir mis sueños y no los de otros. En regalarme tiempo de calidad y dejar de sentir culpa por creer que tenía que matarme para ser una mujer productiva. Porque, al final del día, si no terminaba destruida, pensaba que no había hecho lo suficiente.

¿Te suena, verdad? Pues sigue leyendo para descubrir la rutina de autocuidado que ha transformado mis mañanas por completo.

 

1. No tomar café en ayunas

Parece una tontería, pero no lo es. Tomar café en ayunas y nada más levantarte hace que el cortisol —la hormona del estrés— se dispare. Lo ideal es esperar entre una y dos horas para tomar la primera taza del día.

Tu cuerpo, de forma natural, produce cortisol al despertar. Por eso, si lo primero que haces es beber café, solo consigues elevarlo aún más. ¿El resultado? Empezar el día con mal ánimo, estresada y con ganas de desaparecer del mapa.

Si esperas a que ese cortisol natural baje, tu primer café te dará la energía que realmente estás buscando.

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2. Meditar o visualizar

Mi mayor descubrimiento este año ha sido la meditación. Es lo primero que hago en cuanto pongo los pies en el suelo. Ya no puedo empezar mi día sin dedicar, aunque sea, cinco minutos a meditar. Ahora no tomo decisiones a lo loco: mi mente está más despejada, más tranquila. El estrés ha disminuido. Me siento feliz. Mi cuerpo y mi mente están alineados. Soy capaz de pensar.

Esto es lo que la meditación ha provocado en mí: una sensación de inmensa calma. Antes de empezar, me gusta encender un palo santo. Me relaja. Mucho.

Pero… ¿cuál es la diferencia entre meditar y visualizar?
Muy sencillo: meditar es conectar contigo, calmar la mente, permanecer en el momento presente. Visualizar es crear imágenes mentales de aquello que quieres lograr; ahí es donde la manifestación cobra fuerza. Porque cuando visualizas, buscas materializar la vida de tus sueños.

3. Escribir en el journal

Llevo casi un año escribiendo todos mis pensamientos. Escribo sin tapujos. Lo suelto todo sin buscar la perfección. Pongo sobre el papel aquello que no me deja dormir, lo que me impide avanzar, mis miedos. También escribo mis intenciones, y lo que quiero materializar lo escribo en presente, con frases positivas.

Hacer esta práctica a diario me permite soltar la rabia. Me hace sentir más positiva. Más humana. Dedica unos minutos al día —aunque sean solo cinco— a dejar fluir tus pensamientos sobre el papel. No imaginas lo sanador que resulta liberar emociones y aclarar la mente.

Hazlo a mano. Nada de móvil o portátil. Regálate un cuaderno bonito y empieza a hacer espacio en tu interior.

Confía en el proceso; aunque, te lo adelanto, verás resultados desde el primer día.

¿Cuál es tu rutina de autocuidado? 

¡Te leo en comentarios!

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